La temporada ciclónica del Atlántico inició este año con un retraso inusual. No fue hasta el 23 de junio cuando se formó la primera tormenta nombrada, Andrea, registrándose así el inicio más tardío desde 2014. Con este sistema comenzó una serie de fenómenos que, aunque en su mayoría permanecieron alejados de tierra firme, mantuvieron la atención de los servicios meteorológicos de la región, incluida la República Dominicana.
Días después surgió Barry, que se desplazó rápidamente hasta Veracruz, México, sin representar peligro para el Caribe central. Entretanto, en julio, la tormenta tropical Chantal generó oleaje anormal y un incremento moderado de la humedad sobre La Española, aunque sin impactos significativos en territorio dominicano.
En agosto, el huracán Erin alcanzó la categoría 5, con vientos máximos de 160 mph (260 km/h). Su desplazamiento por aguas abiertas del Atlántico no representó amenazas directas para el país, pero sí generó eventos de mar picado y restricciones temporales para embarcaciones frágiles en la costa norte dominicana, según reportes del sector marítimo.
Avanzado el período pico de la temporada, la tormenta tropical Fernand se formó al norte del Caribe. Su lejanía evitó impactos directos, pero contribuyó a incrementos puntuales de lluvias en el Cibao y la cordillera Central, vinculados al arrastre de humedad. Estas precipitaciones provocaron crecidas menores en ríos y cañadas, sin daños relevantes.
A mediados de septiembre, Gabrielle tomó fuerza en el Atlántico central, pasando como huracán mayor al este de Bermudas. Su circulación amplió el oleaje mar adentro, obligando a la Intitulo de Meteorología (Indomet) a emitir avisos preventivos para la costa atlántica dominicana. Días después, el huracán Humberto alcanzó categoría mayor, sin repercusiones para la región.
El cierre de septiembre estuvo marcado por Imelda, que se desarrolló entre Cuba y Bahamas. Aunque la tormenta no tocó tierra, generó nubosidad indirecta y aguaceros aislados en el noreste dominicano, producto de su campo nuboso externo.
Octubre abrió con Jerry, formado frente al noroeste de África, seguido por Karen y Lorenzo, sistemas que permanecieron alejados de la región caribeña. No obstante, Lorenzo produjo oleaje anómalo en la costa norte, lo que llevó a la Armada Dominicana, Defensa Civil y al COE a recomendar precaución en playas expuestas.
El evento de mayor impacto de la temporada fue Melissa, que se fortaleció rápidamente en el mar Caribe durante la segunda quincena de octubre. Aunque el centro del huracán impactó directamente a Jamaica y posteriormente a Cuba, su gran tamaño generó bandas de humedad que provocaron lluvias fuertes y ráfagas de viento en provincias del sur y suroeste de República Dominicana, incluyendo Pedernales, Barahona y Azua. Estas condiciones provocaron inundaciones urbanas, deslizamientos menores y el cierre temporal de varios tramos carreteros, llegando acumularse valores de 400 milimetros de lluvias en el Gran Santo Domingo.
Mientras Melissa perdía intensidad al cruzar Cuba, los efectos indirectos sobre el país continuaron con oleaje peligroso en el litoral caribeño y atlántico, lo que llevó al
Centro de Operaciones de Emergencias a mantener varios niveles de alerta preventiva.
El saldo total de Melissa en Jamaica y Cuba fue devastador: cerca de 50 víctimas mortales y daños que superan los 10.000 millones de dólares, aunque las autoridades cubanas no reportaron fallecimientos. En la República Dominicana, los efectos se limitaron a daños materiales menores, principalmente en infraestructuras viales, redes eléctricas, plantaciones agrícolas y viviendas vulnerables.
La temporada ciclónica, que comenzó con un retraso histórico y numerosos sistemas sin impacto directo, confirmó nuevamente la vulnerabilidad del Caribe ante los fenómenos atmosféricos y la importancia de mantener protocolos de prevención incluso cuando los ciclones no se acercan directamente al territorio dominicano.
