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La decisión de Roberto Fulcar: una decisión que pesa

Las expectativas ante los futuros pasos del experimentado político y su equipo, capta la atención más allá de su partido, el PRM.

Por Sauris Ramírez/ El Halcón

En política, algunas decisiones adquieren una importancia que va mucho más allá de las aspiraciones personales de sus protagonistas. Son determinaciones que movilizan estructuras, despiertan expectativas, generan consultas y colocan sobre la mesa el valor de las trayectorias construidas durante años de trabajo. La decisión que deberá tomar el doctor Roberto Fulcar Encarnación frente a las aspiraciones presidenciales del Partido Revolucionario Moderno (PRM), de cara a las elecciones de 2028, reúne varias de esas características.

El escenario político dominicano comienza a experimentar los movimientos propios de una organización oficialista en la que distintas figuras procuran posicionarse para alcanzar la candidatura presidencial. En ese contexto, la expectativa en torno a Fulcar responde a su experiencia como estratega electoral, su historia de participación partidaria y las relaciones que ha cultivado en diferentes sectores de la sociedad.

Para comprender el interés que genera su eventual definición política, resulta necesario examinar algo más que las circunstancias del momento. Hay que mirar hacia su trayectoria en la educación, su presencia en las luchas sociales, su participación en la construcción de organizaciones políticas y su permanente vinculación con proyectos orientados a la transformación institucional.

Roberto Fulcar no es un recién llegado a la política dominicana. Su recorrido comprende experiencias en el Movimiento Independiente Unidad y Cambio, el Partido Revolucionario Dominicano y, posteriormente, el Partido Revolucionario Moderno, organización de la que fue fundador y primer vicepresidente nacional.

También ocupó responsabilidades relevantes en campañas electorales, entre ellas la coordinación del proyecto presidencial de Luis Abinader. Su participación en las campañas de 2016 y 2020, así como sus funciones posteriores en el área estratégica del PRM, constituyen antecedentes que permiten comprender la experiencia organizativa que hoy forma parte de su capital político.

Conviene recordar que una campaña electoral no se gana exclusivamente con discursos, publicidad, encuestas o presencia mediática. Requiere planificación, dirección de equipos, organización territorial, comunicación estratégica, coordinación de intereses y capacidad para transformar los objetivos políticos en acciones concretas.

Fulcar ha trabajado precisamente en esos ámbitos. Su trayectoria incluye responsabilidades de dirección que han exigido establecer relaciones con dirigentes nacionales, provinciales, municipales y comunitarios, además de mantener vínculos con sectores del magisterio, el cooperativismo y otras organizaciones sociales.

Esa experiencia constituye un elemento de interés para analizar su posición actual. A diferencia de los liderazgos cuya actividad depende principalmente de una responsabilidad administrativa, Fulcar conserva una trayectoria de articulación partidaria y social que no se limita al ejercicio de una función gubernamental.

Naturalmente, la existencia de relaciones políticas acumuladas no significa que sus dirigentes y seguidores actúen de manera automática ni que puedan trasladarse mecánicamente hacia una candidatura determinada. La política moderna exige acuerdos, coincidencias programáticas y consultas que permitan construir decisiones compartidas.

Precisamente por ello resulta significativo el proceso de consultas que su equipo desarrolla en distintas demarcaciones del país y en las seccionales del exterior del PRM.

La iniciativa procura escuchar las opiniones de dirigentes de diversos niveles sobre las aspiraciones presidenciales, la continuidad de las políticas gubernamentales y las condiciones que deberían orientar posibles entendimientos políticos.

Desde una perspectiva organizacional, ese procedimiento revela una cuestión importante: la decisión que se adopte tendrá que considerar no solamente las preferencias de Fulcar, sino también las expectativas de quienes han acompañado su trabajo durante años.

Un educador cuya experiencia trasciende las aulas

Antes de ocupar responsabilidades de primer orden en la política partidaria, Roberto Fulcar había desarrollado una extensa carrera vinculada al magisterio y a la gestión educativa. Su historia permite analizar estas dimensiones desde diferentes momentos de su vida pública. Su participación en organizaciones magisteriales, movimientos sociales, procesos democráticos y espacios académicos amplía el campo desde el cual puede interpretarse su liderazgo.

Su ejercicio profesional comenzó en 1980 y comprende experiencias en distintos niveles del sistema educativo, la formación universitaria, la consultoría, la investigación y la formulación de propuestas relacionadas con la calidad de la enseñanza y la transformación social.

Su producción intelectual tampoco resulta ajena a ese recorrido. Obras como Educación, gremialismo y democracia, publicada en 1997, y Mi compromiso con la educación, de 2024, permiten reconocer una preocupación sostenida por las relaciones entre educación, participación social, democracia y desarrollo humano.

Este componente intelectual merece especial atención porque introduce una dimensión distinta al análisis de su presencia política: la elaboración de propuestas.

Durante su gestión como ministro de Educación, entre agosto de 2020 y agosto de 2022, le correspondió enfrentar las consecuencias educativas de la pandemia de la COVID-19, cuando el cierre de los centros escolares obligó a modificar profundamente las formas tradicionales de enseñanza.

Bajo su administración se impulsó el plan Educación para Todos Preservando la Salud, mediante la estrategia Aprendemos en Casa, que articuló recursos tecnológicos, medios audiovisuales, radio, televisión y materiales impresos para sostener la continuidad educativa. Aquella experiencia exigió coordinar esfuerzos entre instituciones públicas, docentes, familias, organizaciones sociales y organismos de cooperación internacional.

Su gestión también formuló el modelo Educación para Vivir Mejor: un nuevo contrato social por la educación, estructurado en doce pilares y orientado a vincular la calidad educativa con la inclusión, la innovación, la formación ciudadana y el desarrollo sostenible.

Es razonable reconocer que una propuesta de transformación educativa no puede evaluarse únicamente por sus objetivos o por la amplitud de su formulación. Sus resultados requieren seguimiento, indicadores verificables y análisis de largo plazo. Pero también resulta legítimo destacar el esfuerzo de planificación y las iniciativas impulsadas durante un período excepcionalmente complejo.

Reconocimientos nacionales e internacionales

La trayectoria de Fulcar ha alcanzado espacios de reconocimiento y colaboración fuera de las fronteras dominicanas. En el ámbito internacional, ejerció responsabilidades vinculadas a la presidencia pro tempore de instancias de cooperación educativa, entre ellas el Consejo Directivo de la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI), el Convenio Andrés Bello y la Coordinación Educativa y Cultural Centroamericana.

Estas experiencias le permitieron participar en encuentros regionales, debates sobre políticas educativas y actividades de cooperación entre países interesados en mejorar sus sistemas de enseñanza.

Uno de los reconocimientos documentados se produjo en España, en mayo de 2022, cuando recibió la Medalla de Oro al Mérito Académico, en el marco de actividades internacionales de educación y psicología, por las iniciativas de formación docente desarrolladas durante la emergencia sanitaria.

Años después, en julio de 2026, Atlantic University, institución universitaria con sede en Puerto Rico, le confirió el grado de Doctor Honoris Causa en Innovación, reconocimiento sustentado, según la propia universidad, en su trayectoria educativa, su vinculación con la innovación y sus aportes al pensamiento estratégico y al desarrollo sostenible.

No se trata de presentar esas distinciones como una evaluación definitiva de su desempeño público. Constituyen, más bien, evidencias concretas de que determinadas instituciones académicas han reconocido aspectos específicos de su trabajo profesional e intelectual.

En el plano nacional también se registraron valoraciones institucionales de su gestión educativa. Durante el período de emergencia sanitaria, representantes del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), UNICEF y Acción Empresarial por la Educación (EDUCA) destacaron públicamente diferentes aspectos de la estrategia desplegada por el Ministerio de Educación, particularmente la articulación de recursos, la formación docente y los esfuerzos dirigidos a sostener la continuidad escolar.

Asimismo, al concluir su gestión ministerial en agosto de 2022, la vicepresidenta Raquel Peña expresó públicamente su agradecimiento por las labores realizadas durante una etapa de dificultades extraordinarias.

 Estas valoraciones, procedentes de actores con responsabilidades y perspectivas diferentes, permiten apreciar la proyección institucional alcanzada por algunas de sus iniciativas. Una de las principales evidencias de ese impacto, fue el histórico resultado de avance en la Evaluación Pisa, en el período evaluado durante su paso por el MINERD, aun bajo los efectos de la pandemia del Covid.

El Instituto del Futuro: una propuesta para pensar el país más allá de las coyunturas

Una de las iniciativas recientes que merece especial atención es la creación del Instituto del Futuro, presentado oficialmente a finales de julio de 2026. La institución, fundada y presidida por Roberto Fulcar, fue concebida como un centro de pensamiento independiente, no gubernamental y sin fines de lucro, orientado a promover la prospectiva, la anticipación, los estudios de futuros, la planificación estratégica, la innovación y la formación de nuevos liderazgos.

Su propuesta parte de una preocupación que adquiere creciente importancia en las sociedades contemporáneas: la insuficiencia de limitar las decisiones públicas a las urgencias del presente, sin examinar los escenarios que podrían configurar las transformaciones económicas, tecnológicas, ambientales y sociales. Desde esa perspectiva, el Instituto del Futuro procura fomentar una cultura de anticipación que permita estudiar tendencias, identificar riesgos, explorar oportunidades y contribuir a la construcción de soluciones de largo plazo.

Su lanzamiento contó con conexiones nacionales e internacionales y reunió a representantes académicos, empresariales, diplomáticos, institucionales y sociales. Entre sus iniciativas divulgadas figuran Diálogos del Futuro y el espacio de reflexión Futuro Hoy con Roberto Fulcar. El interés de esta propuesta radica en su intención de colocar el conocimiento y la planificación estratégica en el centro de las discusiones sobre el desarrollo.

La República Dominicana enfrenta desafíos relacionados con la transformación digital, la inteligencia artificial, el cambio climático, la productividad, la calidad educativa, la movilidad social y las nuevas exigencias del mercado laboral. Todos ellos requieren políticas cuya formulación supere los períodos electorales y las soluciones improvisadas.

En ese contexto, una institución dedicada al pensamiento prospectivo representa una apuesta que merece seguimiento. Su verdadero aporte deberá apreciarse en la calidad de sus investigaciones, las oportunidades de formación que genere, las alianzas que logre consolidar y la utilidad de sus propuestas para la sociedad.

Esta iniciativa introduce una dimensión adicional a su trabajo público: el interés por contribuir a la discusión de los grandes problemas nacionales desde una perspectiva de futuro. Este proceder es algo poco común  en muchos de nuestros políticos, pero es muy propio del accionar activo, proactivo y propositivo de la trayectoria de Fulcar.

El significado político de su próxima decisión

La experiencia electoral, los vínculos territoriales, el trabajo educativo y la actividad intelectual constituyen dimensiones diferentes de una misma trayectoria. Ninguna, considerada aisladamente, permite determinar cuál será la influencia concreta de Fulcar en el próximo proceso interno del PRM. Sin embargo, examinadas en conjunto, ayudan a explicar por qué su decisión despierta atención en distintos espacios políticos.

Quienes aspiren a conducir el partido hacia las elecciones de 2028 deberán enfrentar tareas de organización, concertación interna, elaboración programática y comunicación con la ciudadanía. En ese escenario, dirigentes con experiencia en esas áreas pueden participar en la construcción de acuerdos, independientemente de que ocupen o no posiciones gubernamentales.

Por eso, la definición de Fulcar no debería interpretarse solamente como la selección de una precandidatura presidencial. También permitirá conocer cómo entiende las prioridades del PRM, qué lugar concede a la participación de sus estructuras y cuáles criterios considera necesarios para respaldar un proyecto político.

Las consultas actualmente desarrolladas pueden ofrecer información relevante sobre esas cuestiones. Sus conclusiones, previstas por su equipo antes de finalizar el año, permitirán comprender mejor las posiciones de los dirigentes involucrados. La influencia final de cualquier decisión, por supuesto, dependerá de factores que todavía no están determinados: la naturaleza de los acuerdos, la cohesión de las estructuras, la participación de los distintos sectores y la evolución del escenario político.

La trascendencia de una decisión

Hay decisiones políticas que se adoptan desde la inmediatez de una coyuntura. Otras requieren ponderar relaciones, compromisos, principios y experiencias acumuladas. La que deberá tomar Roberto Fulcar se inscribe en un momento que invita a examinar el significado de su trayectoria y las distintas responsabilidades que ha desempeñado.

Su experiencia como organizador electoral, dirigente partidario, educador, gestor público y promotor de iniciativas de pensamiento estratégico aporta elementos para comprender la atención que suscita su posición.

Pero el aspecto fundamental no consiste en anticipar las consecuencias electorales de su decisión, sino en reconocer que esta involucra una trayectoria y un conjunto de relaciones construidas durante décadas. La política dominicana necesita debates que no se agoten en las aspiraciones individuales, sino que también permitan discutir el contenido de los proyectos, las prioridades de desarrollo y el tipo de instituciones que requiere el país.

Desde esa mirada, el interés por la decisión de Fulcar puede convertirse en una oportunidad para reflexionar sobre la relación entre liderazgo, experiencia política, organización, conocimiento y visión de futuro. Porque una trayectoria pública no se explica únicamente por los cargos ocupados ni por los procesos electorales en los que se ha participado. También se construye a través de las ideas defendidas, las responsabilidades asumidas, las relaciones cultivadas y las propuestas que se dejan a la consideración de la sociedad.

Roberto Fulcar tiene por delante una definición de carácter político. El significado de esa decisión comenzará a conocerse cuando concluyan las consultas y se hagan públicos sus fundamentos. Entretanto, hay un hecho que merece ser resaltado: las decisiones de quienes han participado durante décadas en la construcción de organizaciones, proyectos e instituciones deben analizarse atendiendo a toda su trayectoria, no solamente a las circunstancias del presente.

La decisión de Fulcar es una decisión que pesa. No porque esté escrito de antemano cuál será su resultado, sino porque detrás de ella existe un gran equipo con estructura nacional e internacional, que él lidera, una historia política, una experiencia acumulada y una visión de futuro que merecen ser consideradas.

La decisión de Roberto Fulcar es una decisión que pesa, porque impactará el futuro cercano, sobre todo en la elección del candidato o candidata del PRM, así como su incidencia directa en quien será la próxima o el próximo gobernante de República Dominicana.

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