Por: Freddy González
«El asesinato es un tipo de homicidio agravado que requiere intención premeditada, alevosía y ensañamiento contra la víctima».
Todos los elementos constitutivos para que un crimen sea catalogado de asesinato; se conjugaron en el caso del General Antonio Duverge Duval y sus descendientes; Incluidos menores de edad, junto a otros patriotas.
Antonio, había nacido en Puerto Rico en 1807, luego de que sus padres, José Duvergé y María Duval, colonos de origen francés; radicados en Mirebalais de la antigua colonia de Saint-Domingue (Haití); fronteriza con la actual provincia de Elías Piña, de donde marcharon hacia la isla del encanto huyendo de la inestabilidad y persecución contra blancos y mulatos durante la revolución haitiana.
La familia Duverge – Duval regresó a la parte Este de la Isla en 1808; cuando Antonio tenía un año de edad. Justamente cuando se producía la llamada Reconquista tras las derrotas de las exiguas tropas napoleónicas que permanecían en la parte oriental de la isla; al mando de Louis Ferrand, quien fue derrotado por Juan Sánchez Ramírez, en la Batalla de Palo Hincado el 7 de noviembre de ese mismo año.
A la edad de 15 años presenció la llegada de las tropas haitianas que bajo el mando del presidente Jean-Pierre Boyer ocuparon la parte oriental de la isla por 22 años.
No estuvo en la fundación de la Sociedad Secreta la Trinitaria en 1838; liderada por Juan Pablo Duarte, pero compartía sus ideales liberales con vínculos personales con los hermanos Puello y con Matías Ramón Mella. Tampoco figuró entre los firmantes del manifiesto, del 16 de enero de 1844.
Proclamada la independencia el 27 de febrero de 1844 y enterado de los aprestos del presidente haitiano Charles Rivière-Hérard de invadir el territorio de la recién proclamada República Dominicana, con un ejército compuesto por tres grandes divisiones de 10 mil soldados cada una; dos por el Sur y otra por el Norte.
Corrió a presentarse en el escenario de la guerra, sin tener la formación clásica de militar, con la sola herencia de su abuelo paterno Alexander Duverge; ex soldado del ejército napoleónico, del que heredó el don de mando y las habilidades tácticas que lo hicieron destacar en el terreno de combate.
Después de una conversación con el patricio, Francisco del Rosario Sánchez, tomó el camino hacia Azua, donde recorrió sus calles incitando a los moradores a tomar las armas; lo que le mereció fuera considerado como un jefe del incipiente ejército dominicano en esa zona. Donde logró en cuestión de días, organizar la primera línea defensiva en Azua, antes de la llegada de Pedro Santana, designado jefe del recién creado ejército, al teatro de operaciones.
Se distinguió en el diseño de todas las escaramuzas de distracción y obstrucción de la columna que entrando por Jimani; comandaba el general Alphonse Souffrant, evitando que pudiera confluir simultáneamente en la ciudad de Azua, con la que penetró por Elías Piña; que dirigía el propio presidente Herard.
El 18 de marzo tropas dominicanas bajo su mando bloquearon con éxito el camino del Barro, ralentizando nuevamente las tropas de Souffrant en su camino hacia Azua.
Su participación al frente de un ejército dominicano mal entrenado, mal armado y superado en decenas de veces por el ejército invasor; fue vital en los combates escenificados el 19 de marzo en dicha ciudad, mientras Pedro Santana (designado por la Junta Central Gubernativa, jefe del ejército,) acampaba con su estado mayor junto a Buenaventura Baez, Felipe Alfau y Lorenzo Santamaria en la retaguardia; de donde ordenó la retirada esa misma noche hacia sábana Buey de Baní.
La retirada de Santana, con el grueso del ejército hizo posible que el desbandado ejército de Herard, pudiera reagruparse y con la llegada de la columna de Souffrant el día 21, constituyo nuevamente una seria amenaza para la naciente proclamada República.
Pero aún con fuerzas unificadas de ambas columnas, todo intento de continuar hacia Santo Domingo, sede del gobierno provisional presidido por el conservador Tomás Bobadilla, fue frustrado por Duverge.
La Batalla de El Memiso, librada el 13 de abril de 1844, fue un muro de contención que evitó que las tropas haitianas pudieran salir del perímetro de Azua.
Contenido por Duverge, durante 52 días, Charles Riviére Herard; al ver frustrada su intención de reconquistar la parte Este de la isla, comenzó la evacuación definitiva el 7 de mayo del 1844, no sin antes ordenar, el incendio de la ciudad de Azua, terminando de esa manera la primera prueba de fuego que consolidaba nuestra independencia.
Además, de la Batalla de Azua y la del Memiso; ambas en 1844. Duverge fue el héroe indiscutible de la Batalla de la Estrelleta (septiembre, 1845), Cachimán (diciembre 1845), El Número (abril 1849), y Las Carreras (abril 1849).
Después de la Batalla de Las Carreras, ante los aprestos de Santana para deponer al presidente Manuel Jiménez, a las que el general Duverge, no se sumó, Jiménez quiso sustituirlo como jefe del ejército con la aprobación del congreso, y al no lograrlo, terminó renunciando y asilándose, haciendo posible; que el más tarde llamado, Márquez de Las Carreras, tomara nuevamente el poder el 30 de mayo de 1849.
Pese a todas las glorias acumuladas en cinco años de constante batalla contra los intentos de los sucesivos gobiernos haitianos, después de su brillante participación; Pedro Santana, cegado por los celos y la envidia que generaba la figura de EL Centinela de la a Frontera, ordenó que fuera sometido a un consejo de guerra acusándolo de traición, supuesta colaboración con Haití y de “abandonar la frontera”, acusación de la que fue absuelto, pero que lo confinaba al Seibo y a ser custodiado muy de cerca.
En su segundo mandato, en 1853 Pedro Santana, reemplazó a Buenaventura Báez, quien se exilió en Saint Thomas, donde comenzó a alentar la rebelión contra el gobierno de Santana, lo que fue aprovechado por este para lograr lo que no pudo en el juicio del 1849; ordenando el apresamiento de Duvergé y entregándolo a la recién constituida comisión militar de El Seibo, la que lo llevó frente al Tribunal de Marras en abril de 1855.
El mismo Santana, se encargó de buscar a Duverge a su casa, degradarlo eliminándole sus insignias y arengando su fusilamiento.
En una pantomima de juicio que duró apenas un par de horas, Duverge fue condenado junto a todos sus descendientes varones a la pena de muerte, sin derecho a recurrir a ningún tipo de recurso, pese a que la misma involucraba a civiles y sobre todo, a menores a los cuales se suspendió la ejecución de la sentencia hasta la mayoría de edad.
El 11 de abril de 1855, Duvergé y su hijo Alcides fueron conducidos al cementerio de El Seibo para ser fusilados. Juntos a Juan María Albert, Tomás de la Concha, hermano de Juancito; de los fundadores de la sociedad La Trinitaria y otros más.
Daniel, uno de los hijos de Duvergé; menor de edad, debía ser mantenido en prisión hasta llegar a la mayoría de edad, cuando sería fusilado. Otros dos hijos de nueve y 11 años; fueron condenados a confinamiento en Samaná.
Después de consumado el vil y cobarde asesinato del héroe del 19 de marzo, cegado por el fantasma de la envidia, los celos, el resentimiento, el rencor y la tirria, y sobre todo, porque ni con su muerte pudo empañar el brillo de su sable, ni disminuir su gloria de guerrero. Santana, arreó su caballo hacia donde yacían ensangrentados los cuerpos inertes de sus víctimas y de forma iracunda en irracional se apeó de la montura y comenzó a patear el cadáver de Duverge.
El fusilamiento de Duverge, era la continuación de la política de exterminio a todo aquel que se considerara su enemigo y un peligro a la forma despótica de su gobernar. Por eso, mandó ante el paredón, a María Trinidad Sánchez, Andrés Sánchez, Joaquín Puello, Gabino Puello y Aniceto Freites, así como; a José Contreras y al padre de la Patria Francisco del Rosario Sánchez, y sus 20 compañeros, por oponerse estos a sus planes de anexar el país a la Corona española; en marzo de 1861.
De esa forma, vilmente asesinado, sin ninguna razón, terminó la vida de uno de nuestros grandes héroes, GENERAL DE GENERALES, ANTONIO DUVERGE DUVAL. Víctima de la ambición de poder de un ser irracional que traicionó su país en busca de títulos, de nobleza que solo han servido como escarnio de su memoria y trayectoria.
Hoy 11 de abril, al cumplirse el 171 aniversario de su alevoso y cruel asesinato, queremos gritar a viva voz, que los restos de Santana no pueden estar con los de Duverge y de más patriotas fusilados por orden suya, o por sus acciones, en el Panteón de la Patria.
Presidente Abinader, derogue el decreto 1383 del 24 de octubre de 1975, emitido por el Dr. Joaquín Balaguer, en los fatídicos 12 años y reivindique la historia intachable del Centinela de Frontera, Antonio Duverge Duval… «y haréis justicia».

