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EL CASO FULCAR

Por: Sauris Ramírez

Cualquier esfuerzo por dar una pincelada a un dominicano que ha aportado tanto a nuestro país se queda corto. En el caso del doctor Roberto Fulcar se vuelve una tarea imposible.

El ciudadano de a pie puede creer que la campaña por detractarlo es cosa de ahora, pero no. Basta conocer como un hombre se va abriendo pasos en una sociedad, desde los extractos más humildes, y en base al trabajo, la preparación, la tenacidad y la disciplina logra ir subiendo escalón a escalón.

En ese trayecto Fulcar ha plasmado su marca en el ámbito educativo, sindical y político. En ese camino ha sembrado el país de amigos, admiradores y discípulos inspirados en su esfuerzo de aportar por una mejor nación.

Pero también, en ese trayecto ha dejado rencores cimentados en la envidia o en la consecuencia natural de las luchas propias que ha protagonizado para hacerse un nombre con la aureola ética y moral que ahora algunos han tratado de manchar para desplazarlo de los espacios que ha logrado conquistar, y que nadie le ha regalado.

La agresividad sistemática en la campaña de descrédito en contra de este hombre alcanzó características asqueantes con el rol de principalía y de éxito que jugó en la campaña por el triunfo del presidente Luis Abinader. Esas acciones alcanzaron su clímax mientras Fulcar encabezaba el Ministerio de Educación de la República Dominicana.

¿A qué se debe este empeño? Simple, a la estrella había que apagarla, o por lo menos reducirle el brillo, que a muchos les cegaba los ojos. Es tanto así, que, en algunos medios tradicionales y modernos, mandaderos ‘mercaderes y mercenarios de la comunicación’ desataron una campaña focalizada con este malsano objetivo, cuyo costo fue calculado por algunos estudiosos en cientos de millones de pesos.

Pero, quién o quiénes tienen la capacidad de sustentar esos gastos. Eso lo contesta un sencillo ejercicio, determinando los grupos económicos o empresariales afectados por la gestión del entonces ministro del MINERD. Sin embargo, no olvidemos los proyectos políticos, dentro y fuera de su mismo partido, que veían y ven en Fulcar una terrible amenaza.

Tampoco despreciemos la posición de cercanía con el primer mandatario, quien como nadie valoró y valora los grandes aportes del doctor Roberto Fulcar, como armador político, para su triunfo. En esos niveles también encontramos lobos celosos y rabiosos con el espacio merecido, ocupado por el estratega.

La jauría está hambrienta, los demonios se asocian, los intereses de «la Cosa Nostra empresarial y política dominicana» tienen los juegos peligrosos, muy peligrosos, he aquí el claro ejemplo

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